sábado, noviembre 25, 2006

Camisetas en Mali




Muchas veces es difícil dejar la información deportiva fuera de mi vida. Quería escribir para el blog algunas reflexiones sobre un reciente viaje a Mali con el objetivo de realizar un reportaje sobre la ablación, la gente que lucha contra ella y los programas contra esta lacra, pero al final empezaré con un texto deportivo. Es lo que hay...
Mali es uno de los tres países más pobres del mundo, una pobreza que afecta a la mayoría de la población, pero a pesar de ello, es un país amante del fútbol, apasionado por este deporte con Kanoute el jugador del Sevilla, como el gran ídolo de la afición. El reciente Malí –Togo de la Copa de África es un ejemplo, se paralizó la nación, la gente en la calle y alrededor de vetustas televisiones siguieron con emoción el encuentro. En Bamako, la capital, las medidas de seguridad fueron extremas para intentar evitar los incidentes que se produjeron por toda la ciudad hace unos años, en este mismo partido en el que incluso se llegó a violaciones tras la derrota. En esta edición el resultado fue favorable 1-0 a los locales en el último minuto, y los aficionados salieron cantando y gritando a la calle hasta altas horas de la madrugada, a pesar del Ramadan.
Pero al lado de la selección nacional, parece existir otro equipo favorito del público maliense, el Barça, Sorprende que en poblados como, Farako o Samafolala, a más de tres horas de viaje por pistas casi intransitables, destaquen por encima de todo las camisetas del Barcelona, falsas seguramente, con los nombres de Eto'o otro de los grandes héroes, Puyol, Larson, Ronaldinho, Deco o del mismísimo Saviola.

miércoles, octubre 04, 2006

Allen Iverson




Están en Barcelona para jugar un partido amistoso con el Barça, los jugadores del equipo de basket de la NBA, los Sixers de Filadelfia, Una veitena de jugadores la mayoría negros de más de 2 metros de altura que se mueven por la cancha con una lentitud casi estudiada y que la convierten en rapidez endiablada durante muchas fases de sus partidos. Jugadores tan altos y pesados que finalizado el entrenamiento tienen que colocarse hielo en las rodillas, en los pies, o envolverse la cintura con papel de plástico. Jugadores que a diferencia de los europeos, reciben en el vestuario a la prensa de ambos sexos mientras se duchan (su contrato les obliga), que no dejan nunca sus auriculares vayan donde vayan y que miran desde las alturas a los que nos movemos a niveles más terrenales.
Por encima de todos, destaca y no por su volumen, un jugador de no más de 180 cm y 31 años, el dorsal número 3, Allen Iverson. Uno de los más reputados jugadores, con un tiro casi infalible con una media de 33 puntos por partido y casi 8 asistencias, con unas piernas delgadas que parecen a punto de romperse cuánto vuelven al suelo después de elevarse para realizar uno de los más de cien lanzamientos que hace al final del entrenamiento, un cuerpo de sólo 74,8 kg totalmente tatuado y un cuidado casi enfermizo del su pelo.
Este personaje, el jugador más bajo que ha sido nominado MVP (jugador más valioso) es también lo que ahora diríamos un "freekee".Hay cientos de anécdotas de su vida. Tiene reconocidos 21 tatuajes, con un curioso origen. Al llegar a la NBA, con la piel virgen de dibujos, se enfrentó con su entrenador Larry Brown y le dijo que por cada partido que no jugara se haría un nuevo tatoo... Es también un enamorado del rap, del auténtico rap militante, ha gravado diversos cd con la suya propia discográfica, en los que amenaza de muerte al famoso rapero Eminem. Su hijo mayor se llama como él Allen, pero prefiere llamarlo con una palabra mes propia del mundo tenístico, deuce (iguales), a su madre por| su aniversario le hizo un curioso regalo, un equipo de basket de las divisiones inferiores, para que ella se divierta jugando ser propietaria... Pero verlo mientras entrena es un placer, y jugando debe ser...

lunes, septiembre 25, 2006

La ONU


La vida es curiosa, en el último mes he ido dos veces a la ONU. Hasta entonces sólo la había visto en fotos y recordaba un edificio emblemático en NY. En agosto fui con Ronaldinho, cuando lo hicieron embajador de la Unesco o algo así y había bastante alboroto por los pasillos porque acababa de estallar el problema del Líbano. Pasaron tres semanas y volví con Joan Laporta y otros directivos para la firma del convenio entre UNICEF y el Barça. Esta vez estuve mucho más rato dentro del edificio. Las plantas subterráneas y las tres o cuatro primeras son públicas y accedes después de un exhaustivo control de seguridad. Moverte por dentro no es complicado pero hay policías que lo controlan todo. La parte baja está llena de diferentes salas, de prensa, de reuniones -donde se hacen las sesiones del Unesco; en la cuarta hay un restaurante fabuloso con vistas panorámicas para los vips; en la segunda la cafetería de los trabajadores sobre el río Hudson y no muy lejos la famosa sala de la Asamblea del Consejo General de la ONU, tocando al pasillo de las banderas.
Hasta aquí todo muy bonito, pero para completarlo todo hay que decir que los lugares por donde se circula están llenos de mobiliario más propio de un edificio de la Europa comunista en la época de la guerra fría que de un organismo actual tan importante. Sofás de skai, salas de prensa con mesas como las que había en España en los colegios de los años 60, pasillos con pupitres y ordenadores para los delegados comprados de oferta en grandes superficies a 6 dólares la unidad, el famoso tapiz del Guernika, ya descolorido y deshilachado, sin olvidar los retratos de los anteriores secretarios generales que debe ser la colección de obras más fea que recuerdo. En la tercera planta encontré un despacho para la prensa con media docena de ordenadores antiguos de los cuales sólo funcionaban dos. ...
¿Y la seguridad? Parece que en un lugar donde se deciden tantas cosas importantes la seguridad tiene que ser máxima. Pues no exactamente. Para entrar, los visitantes y acreditados pasan los rigurosos controles dentro de una carpa. Yo lo había hecho así pero cuando ya volvía hacia el hotel en taxi, me di cuenta de que me había dejado el ordenador dentro del edificio. Inmediatamente bajé del taxi y fui corriendo hasta la entrada donde están los controles pero ya estaba cerrada. Detrás pude ver una pequeña puerta abierta que ponía "staff only" y me lancé. Mientras entraba, tenía todas las explicaciones posibles en la cabeza pero nadie me detuvo y atravesé sin problemas todo el hall, cogí el ascensor y llegué hasta cerca del salón de la asamblea general sin que nadie me parara ni me llamara. Todavía estaba mi portátil encima de uno de los sofás, lo recogí, bajé los dos pisos atravesando todo el edificio y salí por la puerta principal diciendo un lacónico "good nigth" a los policías de la entrada. Increíble.

lunes, septiembre 04, 2006

Montecarlo



La penúltima parada de este largo agosto futbolístico fue Montecarlo. Y no es casualidad que desde hace algunos años la capital del Principado de Mónaco sea la sede de la Supercopa de Europa de fútbol. Para la UEFA tan dada a la opulencia, a las grandes reuniones sin excesivo contenido, rodeados de muchas azafatas, coches oficiales, uniformes, controladores y demás parafernalia, instalados en uno de los mejores hoteles delante de la playa, Montecarlo es ideal, ya que el Principado es sobre todo una gran fachada de lujo, de horterismo y sede de muchos de los nuevos ricos que pululan por Europa. Un país de no mucho más de dos millas cuadradas, en parte ganadas al mar, y atravesada por túneles, donde tan sólo viven 5.000 monegascos de los cerca de 30.000 habitantes censados, con más de 100 nacionalidades diferentes, de hombres y mujeres buscando un respiro de la presión de las haciendas de sus respectivos países. El GP de Formula 1 y la entrada de divisas mediante las exclusivas dadas a la prensa del corazón por la famosa familia Grimaldi son otras fuentes de riqueza más atípicas y curiosas. Lo más visitado todavía es el palacio del Príncipe Alberto, y los taxistas hablan de las curvas del circuito como si fuera su nombre real.

En los parkings de los hoteles o del casino puedes ver una sucesión de coches de lujo aparcados, Rolls, incontables Ferraris, Bentley, Jaguar, últimos modelos de Porsche, fotografiados por los turistas con menos poder adquisitivo que se trasladan con autocares y que empiezan ya a ser mayoría. No se entiende el despilfarro de vehículos en un país donde los embotellamientos son constantes y no se pueden alcanzar velocidades por encima de 40 o 50 kilómetros por hora. Los desplazamientos son tan cortos, desde las lujosas villas a los casinos o restaurantes, que los cientos de caballos de estos carísimos coches no tienen tiempo de despertar del todo

En el puerto de Hercules se dan cita los barcos privados más grandes y lujosos del Mediterráneo, llenos de marinos fregando los metales y cubiertas, mientras los propietarios toman copas en la popa, bien cerca del muelle donde se sienten admirados por los turistas, que mientras pasean miran con envidia la concentración mayor de yates por metro cuadrado del mundo.
Aquí es donde la Uefa se encuentra bien y realiza el sorteo de la Champions y el Partido de la Supercopa de Europa, en el Estadio Luis II donde no más de 18.000 espectadores pueden ver el partido, 5 o 6 veces por encima de los que se acercan los domingos a aplaudir al Mónaco de la primera división francesa. Si los equipos participantes en este match son italianos, españoles o países con tradición, habrá una buena entrada pero, si por el contrario, juegan formaciones de países del antiguo bloque del este, el campo queda medio vacío, a pesar de los cientos de empleados uniformados del organismo europeo que pululan por el campo con los pinganillos en la oreja sin saber muy bien su misión. Y en medio de todo eso, contra pronóstico, el Barça fue apaleado por el Sevilla. ¿Será que el lujo no les va a los culés?